domingo, 6 de septiembre de 2009

La evasión antes que la educación

Fuente: Diario El Dia
Columna Editorial

La incursión del Estado en el negocio del fútbol en un país que exhibe índices educativos mediocres revela más que una confesión de prioridades. Al poder político, en realidad, siempre le ha interesado controlar el circo.

Es altamente significativo que el gobierno K halla sellado un acuerdo con un personaje como Julio Grondona, el presidente de la AFA, alguien eternizado en su cargo desde hace tres décadas.

Don Julio ha sido pintado por la literatura progresista como un personaje siniestro de la dictadura militar. Un colaboracionista del régimen que en 1978, gracias al Mundial que se desarrolló aquí, contribuyó a encubrir las atrocidades del régimen.

Pero hoy, gracias al acuerdo sellado con el gobierno K, Don Julio se ha blanqueado delante de la progresía. Se ha convertido en un combatiente leal contra la oligarquía mediática representada por Clarín.

Al margen de los personajes de este historia de enredos –habrá que convenir que hasta ayer Clarín fue socio del poder en la construcción de la hegemonía K- conviene reflexionar sobre la inversión estatal millonaria por los derechos de la televisación del fútbol.

Ahora se sabe que por una década la Casa Rosada le garantiza 600 millones por año a la AFA; es decir en total 6.000 millones de pesos. La pregunta se impone, ¿qué lógica tiene esta inversión cuando al país le cuesta democratizar, por ejemplo, servicios básicos como la educación?.

El “derecho a ver el fútbol”, ¿no suena a despilfarro acaso?. Sí, pero el poder tiene razones que el buen sentido no comprende, parafraseando a Pascal. Pasar a controlar el principal insumo de la industria mediática, da poder de veto frente a los medios, convertidos hoy en el principal oponente político.

Además se quiere que el fútbol transfiera algo de popularidad a un gobierno anémico. Como ha escrito un analista: “no se financia la pasión, sino la falta de pasión”.

Por otro lado, aunque suene una herejía, el gobierno K ha caído en la tentación de los militares del proceso de utilizar la pelota como instrumento de evasión popular. ¡Qué dice nuestra progresía ilustrada frente a esta ‘alienación’ orquestada desde el poder!

El circo, que le dicen. Mientras esto ocurre, este año 10 provincias no cumplirán con la ley de 180 días de clases, el 50% de nuestros adolescentes no termina la secundaria, faltan escuelas y muchas de las que existen están deterioradas, y ni hablar del bajo nivel global de nuestra educación.

Mientras el país celebra el “fútbol gratis” –como si los dineros no salieran de los contribuyentes- y el gran público está conectado al canal 7 para disfrutar de los goles –que dejaron de estar “secuestrados”-, no nos avergüenza la educación que tenemos.

Las deserciones masivas del sistema, los bochazos en la universidad, y las penosas notas que cosechan nuestros alumnos en las calificaciones internacionales, no nos conmueven.

La Argentina es el caso de mayor caída global en calidad educativa en los últimos 15 años, según PISA (Pruebas Internacionales de Evaluación de la OCDE).

Ahora que hemos “peronizado” al presidente Barack Obama –cholulismo criollo aparte- quizá debamos prestar atención a lo que dijo en su último contacto con una comunidad negra de clase media baja:

“El nuevo nombre de la justicia social es la revolución educativa. El gobierno debe proveerles igualdad de oportunidades. No aspiren a ser estrellas de rock o basquetbolistas. Los quiero jueces, ingenieros y maestros”.
Pero en la Argentina de hoy, a la luz del acuerdo con Don Julio, parece que la distribución de la riqueza está más asociada a la evasión futbolera que a la revolución educativa.

No hay comentarios: